Las elecciones a Jefe de Gobierno porteño son el domingo y el outlook es bastante deprimente. Si gana Mauri otra vez, Dios nos libere a todos. Yo tengo que definir a quién diantres voy a votar para gobernador de la provincia.
Por estos días mis mayores preocupaciones pasan por filmar el bendito video de casamiento de Fini (gracias se acabó la maratón de bodas 2010/11), y que quede algo decente, organizar el paupérrimo estado de mis finanzas y la perspectiva más placentera de irme a París en algún momento de 2012, preferentemente para la primavera boreal.
Pero también, sacarme de encima unos kilos de más, y una pseudo relación que, for the love of God, no está funcionando y de la cual no sé como salir con un mínimo de decoro y elegancia.
Mi trabajo me abruma. Estoy obsesionada con True Blood. Muero de ganas de ver Midnight in Paris y estoy intentando leer Océano Mar de Alessandro Baricco desde hace como un mes.
Twitter me robó el alma ¡Voy a ver ir a los RHCP otra vez! Vuelven después de nueve años. ¿Qué más? Mi editor es un reverendo pelotudo. Tengo sueño. Y el viaje a Italia del que pronto se cumplirá un año fue una de las mejores, sino la mejor, experiencias de mi vida.
Me agota la gente egocéntrica, redescubrí el placer de comer afuera. A veces no me banco al novio de mi madre (who happens to by father.) Tengo una hermana bella y sumamente talentosa que es directora y dramaturga de la genial Topos. Orgullosa y emocionada de ser testigo del casamiento de Fini y Matías.
Cada vez soy más insoportable. Farmacity es mi peor vicio. Y me quiero ir a casa.
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